EL HELIO PRIMORDIAL Y LA TEORÍA DEL BIG BANG
¿De dónde venimos? ¿Cómo se
originó el universo? Los seres humanos nos hemos hecho estas preguntas desde
que tenemos capacidad de raciocinio. La búsqueda de respuestas constituye un
ejemplo del método científico.
En el decenio de 1940, el físico
ruso-estadounidense George Gamow planteó la hipótesis de que el universo se
inició miles de millones de años atrás con una explosión gigantesca, el Big
Bang. En esos primeros momentos, el universo ocupaba un volumen diminuto y su
temperatura era más alta de lo imaginable. Esta brillante bola de fuego de
radiación mezclada con partículas microscópicas de materia se enfrió gradualmente,
hasta que se formaron los átomos. Por la influencia de la fuerza de gravedad,
estos átomos se agruparon para formar miles de millones de galaxias, incluida
la nuestra, la Vía Láctea.
El concepto de Gamow es interesante
y muy provocativo. Se ha puesto a prueba experimentalmente de diversas maneras.
Por principio de cuentas, las mediciones demostraron que el universo está en
expansión, es decir, que las galaxias se alejan unas de otras a gran velocidad.
Este hecho es compatible con el nacimiento explosivo del universo. Al imaginar
tal expansión en retroceso, como cuando se rebobina una película, los
astrónomos han deducido que el universo se inició hace unos 13 000 millones de
años. La segunda observación que sustenta la hipótesis de Gamow es la detección
de radiación cósmica de fondo. A lo largo de miles de millones de años, ¡el
universo inimaginablemente caliente se ha enfriado hasta una temperatura de 3 K
(o sea, –270°c)! a esta temperatura, gran parte de la energía corresponde a la
región de microondas. Puesto que el Big Bang habría ocurrido simultáneamente en
todo el diminuto volumen del universo en formación, la radiación que generó debe
haber llenado todo el universo. Así pues, la radiación debe ser la misma en
todo el universo que observamos. De hecho, las señales de microondas que
registran los astrónomos son independientes de la dirección.
El tercer dato que sustenta la
hipótesis de Gamow es el descubrimiento del helio primordial. Los científicos
piensan que el helio y el hidrógeno (los elementos más ligeros) fueron los
primeros que se formaron en las etapas iniciales de la evolución cósmica. (Se cree
que otros elementos más pesados, como el carbono, nitrógeno y oxígeno, se
formaron más adelante por reacciones nucleares en las que participaron el
hidrógeno y el helio, en el centro de las estrellas.) De ser así, un gas difuso
formado por hidrógeno y helio se habría diseminado por todo el universo
naciente antes de que se formaran muchas de las galaxias. En 1995, los
astrónomos que analizaron la luz ultravioleta proveniente de un lejano quasar
(poderosa fuente de luz y de señales de radio que se considera como una galaxia
en explosión en el borde del universo) descubrieron que una parte de la luz era
absorbida por los átomos de helio en su trayecto a la Tierra. Puesto que el
quasar en cuestión dista de nuestro planeta más de 10 000 millones de años luz
(un año luz es la distancia que recorre la luz en un año), la luz que llega a
la Tierra corresponde a fenómenos que ocurrieron hace más de 10 000 millones de
años. ¿Por qué el hidrógeno no fue el elemento más abundante que se detectó? El
átomo de hidrógeno tiene un solo electrón, que se desprende por la luz de un
quasar en el proceso llamado ionización. Los átomos de hidrógeno ionizados no
pueden absorber en absoluto la luz del quasar. Por otra parte, el átomo de
helio tiene dos electrones. La radiación puede quitarle al helio uno de sus
electrones; pero no siempre ambos. Los átomos de helio ionizados todavía
absorben luz y, por tanto, son detectables.
Los defensores de la explicación
de Gamow se regocijaron ante la detección de helio en los confines distantes
del universo. En reconocimiento de todos los datos sustentadores, los
científicos ahora se refieren a la hipótesis de Gamow como teoría del Big Bang.

Comentarios
Publicar un comentario